Año 1995, vacaciones de verano, el tiempo transcurría de otra manera. En lugar del patio, estaba sentado frente a mi monitor escribiendo comandos en DOS, porque lanzar un juego en aquella época era todo un ritual. Gladiator de Forgotten Sages era uno de esos títulos que nadie recuerda realmente, pero quien caía en él pasaba más tiempo con él de lo que admitía.

El juego te pone en la piel de un comandante de una pequeña banda de mercenarios en un escenario medieval. Comienzas con un puñado de guerreros, reclutan gradualmente nuevos, los entrenan y se embarcan en misiones. Vista cenital, acción en tiempo real, pero con énfasis en la gestión del equipo. No se trata únicamente de golpear — hay una capa de planificación: a quién llevar al campo, cómo equiparlos, cómo mantenerlos vivos.
El gameplay descansa en un principio simple: controlas un personaje a la vez, el resto del grupo se mueve contigo o espera. Eso parece limitante a primera vista, pero en la práctica te da un verdadero sentido de responsabilidad por cada soldado. Pierde un guerrero experimentado, y lo sentirás. Los niveles de dificultad — desde escaramuzas ligeras hasta modo difícil — le dan al juego una longevidad decente, aunque por los estándares actuales todo es bastante modesto en contenido. Los controles son sencillos, la interfaz típica de su era — funcional, pero sin comodidades innecesarias.

Forgotten Sages no eran un gran estudio, y Gladiator se movía en la zona gris de distribuciones shareware en lugar de estanterías de tiendas en aquella época. Lo que se sostiene incluso hoy es ese bucle básico: llega, contrata, entrena, sobrevive. Envejece bien donde no excede su propio alcance. Envejece mal en momentos cuando la IA de tus compañeros hace lo que la IA de esa era siempre hacía — tomar decisiones difíciles de describir como inteligentes. Los gráficos son pixelart isométrico funcional de la época, nada más.

Hoy, Gladiator atraerá a cualquiera que busque acción sin complicaciones con un toque de táctica y no quiera pasar horas leyendo manuales. Abre el juego en tu navegador mediante emulación DOSBox sin preparación, y en media hora sabrás exactamente si te atrapa o no. Los nostálgicos de los 90 encontrarán esa sensación característica en él — un juego que no pretende ser nada, simplemente funciona y te deja jugar. No quiero más de él que eso.