Año 1989, estoy sentado en el lugar de trabajo de mi padre, un monitor IBM azul me devuelve la mirada, y algo gira en un disquete que no logro descifrar del todo. Treasure Trap de Emerald Software — un juego que casi nadie recuerda hoy en día, aunque tenía una idea que valía la pena.

La premisa es simple y encantadoramente absurda. En el fondo del océano descansa el navio hundido Esmerelda con una carga de lingotes de oro. Excepto que el navio no está vacío — está infestado de anguilas eléctricas, minas magnéticas, medusas y quién sabe qué más. Tu trabajo es sacar el tesoro sin terminar siendo un aperitivo para la fauna local. Sin historia extra, sin diálogos. La situación habla por sí sola.
El juego se controla desde una perspectiva isométrica, que era lo más de moda en aquel entonces — los jugadores conocían ese mismo ángulo de los juegos de arcade británicos de la época. Te mueves por el lecho marino, recoges y desplazas objetos, esquivas enemigos e intentas descubrir cómo sortear cada problema. La lógica no se basa en la velocidad, sino en la observación. ¿Qué hace la anguila cuando te acercas desde la izquierda? ¿Qué sucede cuando una mina magnética detecta un lingote de oro? El juego no te lo dirá — tienes que descubrirlo por ti mismo, y ese es exactamente el tipo de dificultad que amabas o maldecías en los noventa.

Lo que Treasure Trap hace bien es crear atmósfera. El silencio del lecho marino, el movimiento lento, la amenaza constante — todo funciona incluso sin música ni gráficos sofisticados. Donde ha envejecido mal es en la percepción espacial. La vista isométrica sin indicadores de profundidad significa que a veces simplemente no sabes si estás en la misma fila que un enemigo o en una casilla más allá. En 1989, eso se aceptaba como parte del desafío. Hoy se siente como un obstáculo innecesario que no tiene nada que ver con la lógica.

Treasure Trap atraerá a cualquiera que ame los juegos de puzzle lentos y reflexivos y no le importe que el juego no explique las reglas de antemano. Es un software que confiaba en que el jugador lo descubriría. A veces ese tipo de confianza se siente bien. Juégalo en tu navegador una tarde — no necesita más tiempo que ese, y no funcionaría con menos.