La pantalla negra con letras verdes, el cursor parpadeante esperando tu decisión. Parece que alguien en 1988 pensó que esto era lo más atrevido que podía ofrecer una computadora: una aventura textual sobre una noche con una tal Troi, donde tú decides qué decir y ella responde. Suena prometedor. La realidad es menos excitante.

A Night With Troi es una aventura de texto puro, sin gráficos, sin animaciones, sin nada que no fuera palabras en una pantalla de DOS. Tu papel es interactuar con el personaje de Troi a través de diálogos y acciones. La premisa es clara: esto es contenido para adultos, aunque la noción de lo que eso significaba en 1988 es tan ingenua que duele. El juego te presenta situaciones y tú escribes o seleccionas respuestas, esperando que algo interesante suceda. Spoiler: rara vez sucede.
El problema no es que sea atrevido, sino que es aburrido. Las mecánicas son simples: lees, respondes, esperas la reacción del juego. No hay puzzles reales, no hay verdaderas consecuencias. Es como una conversación de un solo sentido donde el otro lado de la línea está más dormido que despierto. El diálogo carece de ingenio, las situaciones son predecibles, y el "contenido para adultos" se reduce a sugerencias tan tontas que resultan patéticas. Lo absurdo no es que intentara esto en DOS—lo absurdo es que pensara que esto era suficiente.
Lo que sí captura A Night With Troi es la ingenuidad de su época. Era una de esas cosas que circulaban en diskettes en escuelas, compartida entre amigos con la conspiración de alguien que paseaba algo "prohibido". Hoy ves el código fuente y comprendes que no era prohibido—era apenas una prueba de lo que se podía hacer con texto puro. Una curiosidad tecnológica más que una experiencia memorable.
¿A quién le interesa jugar esto hoy? Quizá a quien quiere entender qué pensaban los programadores sobre el "entretenimiento para adultos" hace treinta y cinco años. O a quien busca reír con lo ingenuo que era todo entonces. No es una aventura clásica rescatable, ni siquiera un experimento fascinante—es un fósil digital que confirma que algunos intentos de la era DOS debían quedarse en la era DOS.