Estás mirando desde la cabina un desierto arenoso interminable, el motor ruge, los paneles de instrumentos tiemblan bajo ti, y sabes que en este momento o golpeas tu objetivo o te golpean primero. Comanche CD es un simulador de helicóptero de ataque de mediados de los 90, de la época en que cada publisher creía que si tomabas hardware militar y le pegabas un modo de disparo a objetivos, tendrías un juego.

Vuelas sobre el desierto, disparas varios tipos de armas e intentas completar misiones — ya sea neutralizar objetivos específicos u llegar del punto A al punto B sin que el sistema de defensa aérea enemigo destruya tu helicóptero. Los gráficos son 3D pre-renderizado que parece que alguien fotografió película sobre papel y luego la fotografió nuevamente — pixelado, rígido, sin ningún movimiento en los detalles del terreno. Los controles son precisos pero indirectos: rotación, altitud, inclinación, velocidad — todo se controla por separado y te toma doce minutos averiguar cómo funciona realmente cualquiera de esto.
El problema es que jugar significa mirar un paisaje en movimiento. Sin progresión de historia, sin narrativa, solo misión tras misión y disparar al vacío. La física del helicóptero es bastante auténtica (si conoces helicópteros), pero eso no es una razón por la que querrías mirar esto. La versión CD añadió sonido y música, lo cual es agradable, pero el gameplay sigue siendo tedioso — patrones de consola, repetitivo, sin sorpresas.
En los 90 fue algo: poseías esa era cuando las tendencias se llamaban juegos de computadora y todos intentaban lo que era posible. Comanche tenía su base de fans y realmente existía como una serie. Pero ha envejecido notablemente — los gráficos son rígidos, los controles innecesariamente complejos, y jugar se siente más como una obligación que como diversión.
Hoy lo jugarías si tienes curiosidad sobre cómo se simulaban helicópteros cuando el 3D era aún una novedad y el procesador apenas podía manejar una textura a la vez. Es un obseso militar mirando tablas de datos en lugar de un escenario. No está mal hecho, simplemente es estúpidamente aburrido.