Año 1987, estoy de pie frente a un monitor Hercules intentando golpear hacia el fairway en un campo que parece un mosaico de píxeles verdes. Leader Board — más precisamente World Class Leader Board de Access Software — era en ese momento algo así como la prueba de que el golf y las computadoras pertenecen juntos más de lo que pensarías.

Es una simulación de golf para MS-DOS donde hasta cuatro jugadores pueden turnarse en un único teclado. Sin historia, sin campaña — solo campos, hoyos y el esfuerzo de meter la pelota donde corresponde. Exactamente como funciona el golf en la realidad, excepto sin la piel quemada por el sol ni los céspedes arruinados.
Los controles se basan en un sistema de tres botones muy popular en ese entonces: el primer pulso inicia el swing, el segundo determina la potencia, el tercero determina la precisión. Suena simple, funciona sorprendentemente bien. El timing es todo — exactamente como el golf real, solo sin el esfuerzo físico. El juego responde al viento, al terreno y a la selección del palo, así que incluso desde la distancia este comportamiento se mantiene cohesivo. Los gráficos eran decentes para 1987; tanto las versiones CGA como EGA se veían aceptables, aunque hoy en día parecen un dibujo hecho con crayones de niño.

Recuerdo World Class Leader Board como un juego que no presentaba el golf como un paseo aburrido — y eso está a su favor. Access Software sentó las bases que muchos títulos de golf posteriores construirían. La serie Leader Board tuvo secuelas, pero este lanzamiento original tiene ese toque exacto: nada extra, solo mecánica pura. ¿Qué envejeció mal? El sonido es exactamente lo que esperarías del altavoz de una PC en 1987 — absolutamente terrible. Y sin un oponente en vivo a tu lado, el juego pierde su brillo bastante rápido; el modo un jugador es cosa de una tarde.

Hoy en día es apreciado principalmente por quienes quieren ver dónde comenzaron los juegos de golf, o por quienes aman mecánicas simples sin tutoriales y menús hinchados. En un navegador a través de emuladores DOSBox funciona sin problemas, y esos veinte minutos con él valen la pena — al menos por la sensación de cómo en 1987 resolvieron lo que hoy una aplicación móvil maneja en tres clics.