La máquina del tiempo se descompone y alguien tiene que salvarla. Bill y Ted no eran la primera opción, pero aquí están, saltando entre épocas en busca de personajes históricos para su presentación de la banda. Off The Wall Productions vio la oportunidad en el éxito del cine de 1989 y lanzó esta aventura al año siguiente, cuando el merchandising de la película todavía vendía como churros.

Es un aventura puntual en DOS: avanzas por pantallas, recoges objetos, hablas con personajes, resuelves puzzles simples. La premisa es propicia para las aventuras de la época: viajes en el tiempo significaban saltos de localización, cambio de escenario, novedad visual para máquinas que apenas respiraban. Podías estar en Egipto, luego en el Salvaje Oeste, luego en la corte de un emperador — cada pantalla era una sorpresa temática.
Pero la ejecución es donde la cosa se desmorona. Los puzzles no tienen lógica interna; pruebas, fracasas, pruebas de nuevo. El inventario es un caos y los controles responden como si la máquina estuviera mojada. Los diálogos intentan capturar el tono desaliñado de la película, pero en texto plano suenan forzados. Lo que en el cine funcionaba por carisma y Keanu Reeves, aquí es solo repetición sin gancho.

Se parece demasiado a esos juegos donde la película fue el evento y la licencia, el negocio. El desarrollo real fue el relleno. Pasó lo mismo con decenas de adaptaciones de los noventa: portada vistosa, interior que aburre. La emoción estaba en poseer algo conectado con el filme, no en jugarlo.

Hoy nadie la busca si no es por nostalgia o por completismo. Si querés aventura de DOS de verdad, hay cosas mejores. Pero si ya fuiste fan de Bill and Ted o querés ver en qué se convirtió el fenómeno cinematográfico en la pantalla de tu 386, está ahí, esperando en algún emulador. No duele probarla. Solo no esperes excelencia.